jueves, 18 de abril de 2019

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El Diablo los junta

Allá por diciembre de 2002 escribía un artículo sobre la aparición de restos óseos en las obras de remodelación de la Plaza de San Miguel, en el cual describía la importancia de tal hallazgo, la relevancia que podía tener si de forma responsable se construía un museo de sitio que pusiese en valor tal hallazgo.

 

Lejos de esta pretensión, como lo que primaba era terminar la obra pública antes de las elecciones del 2003 se pasó de puntillas sobre el tema y en vez de generar un proyecto de urgencia con ficha económica, se ocultó y se dejó en el olvido. Puestos aquí decir, que si tal como se prevé se vuelven a encontrar en el cabildo de Gran Canaria Francisco Sánchez e Inés Jiménez, uno como cargo de confianza y la otra como consejera, no estaría de más que en un alarde de responsabilidad retomasen el tema y sacaran a la luz para la interpretación y disfrute de todos, lo que en su momento ocultaron bajo el cemento.

 

Creo que no estaría de más recuperar el escrito de opinión de la época para refrescar la memoria sobre una medida nefasta que pisoteó parte de nuestra historia: con el titular de “Huesos na más”, exponía:

 

El titular es la expresión típica de los incrédulos, no eruditos o acólitos del poder imperante, cuando por estos lares insulares hacen su aparición restos arqueológicos de cualquier tipo con visos de rango de interés histórico. Ante cualquier hallazgo, antes de dar parte, como recoge la Ley de Patrimonio de Canarias (Ley 4/1999) y paralizar las obras como estipula el artículo 96.2 apartado G, se ocultan los hechos o se pasa del tema. La cuestión se agrava cuando dicha aparición es producto del remover de tierras originado por obras privadas promovidas por grandes promotoras u obras de carácter público. Desgraciadamente, hasta los arqueólogos lo reconocen, con mucha asiduidad se hace la vista gorda, porque ello supone un retraso en los plazos de las obras y pérdidas económicas. Pero… y ¿qué me dicen de las pérdidas históricas? Cualquier asentamiento arqueológico enriquece el acervo cultural e histórico de un pueblo, ya que a través de estudios científicos concienzudos se pueden conseguir ingentes datos sobre la población que vivió en el lugar en cuestión: ADN, causas de las muertes, enfermedades, media de vida, alimentación, etc.

 

En el caso de Valsequillo se ha determinado que los restos óseos aparecidos en agosto en la Plaza de San Miguel, son restos de enterramientos que datan del siglo XVI. El problema ha sido la escasa sensibilidad que a lo largo de muchos años ha existido hacia el tema, provocando graves destrozos con obras anteriores, en las que se ha pasado de los hallazgos. Antes de que la actuación particular denunciara la aparición de los huesos, los empleados de las empresas que ejecutan las obras de peatonalización del casco de Valsequillo, Ismoelca S.L. y Santiago Santana Artiles, llevaban varios días removiéndolos y ocultándolos, por orden expresa de sus jefes o la pasividad y vista gorda de los mismos y la negligencia del técnico de la obra, el arquitecto Justo Salgado. Se han solicitado al grupo de gobierno en el Ayuntamiento depuración de responsabilidades entre los técnicos y políticos, porque no hay que obviar la incompetencia del concejal Marcelo Ramírez. Todos ellos han obviado la ley imperante actuando dentro de la ilegalidad.

 

En todos estos años de gobierno de Asba, ha sido evidente su desprecio hacia el patrimonio histórico de este municipio. Tanto la sabiduría popular como los informes del difunto cronista oficial, Jacinto Suárez Martel, siempre han insistido en la existencia de un antiguo cementerio en el lugar, por tanto, si se tenía previsto acondicionar el casco del pueblo, lo lógico era haberlo notificado a Patrimonio Histórico para efectuar un sondeo preliminar y determinar su valor. Actuaron al revés porque querían pasar a la “chita callando” ante la inminencia de las fiestas patronales y echar tierra sobre el asunto. El hacer las cosas bien de entrada evita quebraderos de cabeza e impera el respeto y no el desprecio hacia todo.

 

Por supuesto, como es costumbre, el alcalde Francisco Sánchez (Asba) en otro alarde de prestidigitación demagógica asume ante los medios de comunicación como propia la denuncia particular, pretendiendo hacer ver que tiene un gran interés sin reconocer, como siempre, los errores cometidos y quitando al “César lo que es del César”.

 

Es tal la situación de desprotección de nuestro patrimonio que hasta los estamentos superiores entran en un estado de connivencia, ocurriendo que la consejera de cultura del Cabildo, Inés Jiménez, levanta la paralización de las obras y mediante un informe técnico determina que se cubra la capa fértil arqueológicamente con tierra para posibles estudios posteriores. El estado actual de los restos es que se han tapado con tierra, más una capa de hormigón y finalmente las losas del piso.

 

 

Deprimente determinación, muestra del compadreo político que existe en estos temas, donde priman los intereses de partido antes que los intereses históricos. Recuerden que tanto Francisco Sánchez como Inés Jiménez, están como consejeros en el Cabildo por Coalición Canaria. Así que, si los huesos llevaban 400 años enterrados, habrá que esperar cuatro siglos más para determinar su valor y la información que nos podían haber transmitido”.

 

Mi intención no es otra que remover las conciencias, pero conociendo el percal dudo que estos políticos de marras que solo optan al poder para conseguir una mejora personal, en lo económico y en lo ególatra, adopten alguna iniciativa y destinen una partida económica para recuperar una riqueza arqueológica que puede ser un recurso importante para el municipio de Valsequillo.

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