lunes, 25 de mayo de 2020

Director: PACHI BENÍTEZ PEÑATEAñadir a favoritos
Cabecera
Flotante derecha
Flotante derecha
Flotante izquierda
Flotante izquierda

Feliz Día de Canarias, hoy, mañana y siempre

Cuando empecé la carrera de Ingeniería Técnica en Topografía, tuve la fortuna de compartir muchos momentos de trabajo con Diego Gomá, técnico de la Consejería de Obras Públicas del Gobierno de Canarias, que había llegado a esta tierra cuando todavía no había empezado el boom turístico. Yo hacía de ayudante, «manteniéndole la mira», una regla graduada de hasta cuatro metros, donde las personas dedicadas a esta labor de la topografía hacemos las lecturas correspondientes para que, de manera combinada con la lectura de ángulos horizontales y verticales, determinar la posición de los puntos del terreno que conformarán luego el plano topográfico sobre el que tomar luego las decisiones venideras, ya sea para hacer una transacción inmobiliaria, proyectar una obra, o simplemente certificar que lo que uno tiene mide lo que uno cree o en su defecto hacer la pertinente rectificación.

 

Diego ha sido siempre un libro abierto, y compartió conmigo muchas anécdotas vividas a lo largo de su vida profesional.

 

Hoy por ser el día que es, quiero compartir una de esas anécdotas, que siempre ha planeado en mi cabeza, y desde el día en que me hizo el relato pensé «esto lo tengo que compartir algún día».

 

Me contó que en una ocasión lo llamaron para empezar a marcar las urbanizaciones que hoy conforman la zona turísitca de San Agustín en Maspalomas. La tarea de marcar o replantear como en el vocabulario topográfico se conoce, es lo inverso a tomar puntos para luego materializar un plano, es decir, una vez calculado un proyecto de ingeniería y plasmado en el papel, lo que toca es materializarlo en el terreno, lo que implica una dificultad asociada. Mientras vas a tomar puntos para luego dibujar, le dices al ayudante que se ponga donde lo puedas ver, pero en el replanteo no tienes esa opción, porque eres tú desde el instrumento topográfico el que ordena a la persona que maneja la mira dónde tiene que ponerse a razón de lo que indica el proyecto, y a veces da la casualidad que entre el punto en el que está el instrumento y el punto que quieres marcar, ya sea el centro de un futuro pilar, o un punto de paso del eje de una carretera, se te interpone un obstáculo con el que no contabas en la oficina.

 

Como siempre, se prestó diligente a resolver el encargo, pero su sorpresa fue mayúscula cuando comprobó que la tarea de replantear las calles y rotondas, se debía materializar en un mar de tomateras que por aquel entonces vestían de verde toda la zona desde Juan Grande hasta Meloneras.

 

Cuando se vió allí, quedó desconcertado pues los puntos de estacionamiento, donde se coloca el instrumento, se calcularon dentro de aquella marea tomatil, y resultaba imposible determinar ni siquiera el primer punto de un eje, pues con dar sólo diez pasos en aquella selva arbustiva trepadora de las cañas con las que se conforma este cultivo en Canarias, ya no había manera de ver ni intuir por donde andaba el peon de la obra que la compañía había cedido para ayudarle en aquel menester.

 

Andaba el hombre hablando sólo, rascándose la cabeza y dando vueltas alrededor del aparato, cabilando la manera de poder arrancar aquella tarea cuando el peon se dirigió a él, intrigado por el motivo de su desasosiego y le preguntó que porqué estaba tan nervioso.

 

Diego trató de explicarle el motivo con palabras llanas que aquel hombre venido de las medianías lo entendiera de la mejor manera posible, pero pronto volvió el nerviosismo al ver que el tiempo pasaba y no encontraba manera de empezar. Estaba el hombre como gallina sin nidal.

 

Fue entonces cuando se obró el milagro. Aquel hombre de habla canaria cerrada, procedente de Temisas, le comentó que si él quería, al día siguiente podía traer un machete que tenía en su casa. Su abuelo lo había traído de Cuba, a donde había emigrado y donde regó la tierra caribeña con su sudor mientras cortaba caña de azucar, hasta que la guerra entre España y los Estados Unidos por los intereses en la isla lo trajo de nuevo a Canarias.

 

Diego resignado le dijo que bien, que trajera el machete a ver qué podían hacer, y sin poner mucho entusiasmo en la salida que le daba aquel hombre recogió los aperos y se volvió a Las Palmas, jodido por haber echado en balde un día de trabajo.

 

Al día siguiente se plantaron en San Agustín de nuevo, el Ingeniero armado con su instrumento con visión telescópica astronómica montado sobre tres patas y mi hombre de Temisas con el machete en mano. Diego se apresuró desde el punto que sería centro de una futura rotonda, a materializar el ángulo horizontal en el instrumento que hacía que el anteojo mirase hacía la dirección de la primera calle, aunque en ese momento sólo viera el verde moteado del rojo de los tomates que empezaban a madurar. Pues empezó el machete a hacer su labor, al tiempo que Diego vigilaba por el anteojo que el corte no se saliera de la línea proyectada.

 

Poco a poco, iba ganando metros mi hombre a machetazo limpio, y proporcionalmente se iba materializando en la cara de Diego una sonrisa y un respiro aliviado de que por fin aquello iba cogiendo color. Gracias al machete que empuñó el abuelo empujado de su tierra en una huída hacia adelante, se iba creando el esqueleto de lo que hoy conocemos como una de las principales zonas turísticas de Canarias, hoy motor indiscutible de nuestra economía.

 

Mientras me relataba la historia, me imaginé cómo debía verse aquel momento desde la perspectiva privilegiada de los cernícalos, que hasta aquella fecha sólo veían a aquellos animales sobre dos patas, agachados de zafra en zafra, arrancándole el fruto de la tierra y del trabajo para salir empaquetados hacia algún puerto británico.

 

Y mientras las palabras de Diego seguían contando el fin del relato, una más de sus peripecias en los inicios de su carrera profesional, me imaginé un lienzo gigante de color verde sobre el que iba apareciendo líneas rectas, curvas y circunferencias delineadas por una pluma de acero con mango de madera, en una síntesis de los muchos años de historia de esta tierra, pues no en vano allí había emigración, retorno, especulación y desarrollo urbanístico. Implicitamente había atraso cultural y cambio de paradigma, de la labranza y la incertidumbre, al bombo de cemento, la bandeja y la seguridad de un sueldo a fin de mes.

 

Muchos decimos un día como hoy «nada que celebrar», unos desde la perspectiva que ilustra esta comunidad, con una de las tasas de paro y pobreza más altas de Europa, otros por la coincidencia de esta fecha con la de la firma de de las cartas de Calatayud por parte de Tenesor Semidan, Guanarteme de los grancanarios y rebautizado como Fernando Guanarteme, por la que los canarios daban el brazo a torcer y reconocían los derechos de conquista de la corona de Castilla y Aragón.

 

Yo si voy a celebrar algo, celebro que hoy escribo esto en un artilugio y para que sea visto por todos ustedes gracias a otro invento mágico como es la Internet, que mi abuela Teresa Cruz Santos, que se crió en régimen cuasi troglodita viviendo en unas cuevas del Barranco de los Santiago en Valsequillo, nunca podría haber imaginado llegarían a nuestro alcance.

 

Celebro que a cada día que pasa me doy más cuenta que estamos más cerca si queremos de mirar al mundo cara a cara, sin orgullos vanales pero sin complejos que nos mantienen en otras cuevas, más frias y penosas si cabe que las que dieron cobijo a nuestros ancestros.

 

Así que les deseo que tengan un buen día, que lo disfruten, y que el día de Canarias lo sea también mañana y pasado mañana, así hasta que ustedes quieran, siempre junto con ustedes, aquí o en la lejanía donde muchos de mis alumnos han tenido que partir, al igual que el abuelo de mi hombre de Temisas, pero que de seguro esta va a ser la última diáspora de nuestra gente, si así lo decidimos. Sólo hay que ponerse.

 

Dedicado a mi mentor y amigo Diego Gomá García, y a tod@s l@s canari@s del mundo.

 

 

Fernando Toscano Benítez

 

Visión doble sur GC 1961-2012
imagen: Infraestructura de Datos Espaciales de Canarias. Visión doble del Sur de Gran Canaria (1961 izqda. – 2012 dcha.)

 

 

Noticias relacionadas

Enviar Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *