viernes, 19 de agosto de 2022

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La música inspirada en el imaginario popular de Latinoamérica de la chilena Elizabeth Morris llega al escenario del Edificio Miller

  • La cantante ofrece el día 23 de julio (21:00 horas), por primera vez en Canarias, un concierto en el marco del ciclo ‘Orillas’

 

 

 

La música inspirada en los sonidos de raíz latinoamericana caracteriza la propuesta de la cantante chilena Elizabeth Morris que, el día 23 de julio (21:00 horas), ofrece por primera vez en Canarias, un concierto en el edificio Miller en el marco del ciclo ‘Orillas’ que impulsa la Sociedad de Promoción del ayuntamiento de capitalino. Será el segundo de los recitales del citado ciclo tras el celebrado la pasada semana de la ecuatoriana Mariela Condo que, con carácter gratuito, aún aguarda la llegada del cubano Carlos Varela (6 de agosto) y de la uruguaya Francis Andreu (13 de agosto). 

 

Letrista, compositora, instrumentista y cantante, Morris ha girado en sus más de dos décadas de trayectoria por distintos países de América del Sur, EE.UU y Europa. Su repertorio propio se nutre de las fuentes de la Nueva Canción Chilena, que constituyó su verdadera escuela en sus inicios. Cantada o instrumental, su creación se basa en especial en la gama de cuerdas latinoamericanas como la guitarra, charango, cuatro y tiple, y describe una travesía por las décimas, la cueca, la música afroperuana, las variedades del joropo venezolano, los ritmos caribeños y el bolero, entre muchas otras influencias. Como letrista ha provisto de canciones los repertorios del grupo Inti illimani, Francesca Ancarola, Pedro Villagra, Laura Fuentes, Carmen Prieto, José Seves, Magdalena Matthey, Clarita Parra, Pedro Aznar y Eva Ayllón, entre otros.

 

«Mis canciones salen de un lugar muy honesto porque vienen de vivencias reales, con las que mucha gente se identifica. Creo que es eso lo que las hace perdurables”, dice Morris Keller (1972, Valparaíso) quien pasó una buena parte de su niñez como exiliada con su familia en la República Democrática Alemana, desde donde regresó a Chile con diez años, en 1982.

 

La cantante y multiinstrumentista chilena recuerda escuchar de joven a ABBA, Los Beatles, Milva, Paco Ibáñez, The Kiss, Bee Gees, música clásica, Hannes Wader un y, por supuesto, también a Violeta Parra, Inti Illimani, Illapu, Víctor Jara, Mercedes Sosa y otros autores de referencia latinoamericanos. “Siempre cuento que en aquellos años del exilio en Alemania lo más tangible que tuve de mi país fue la música. Yo no tenía imágenes de Chile, por entonces no había Internet, y todo comenzaba con lo que podían contarme mis padres y la música que escuchábamos en casa. Mi sentido de pertenencia creció desde ahí. Crecí escuchando esta música, de la que hoy soy parte, y que en un momento fue para mí la puerta de entrada a mi Chile”, agrega la cantante.

 

 

Imaginario latinoamericano

 

Señala que sus canciones “se alimentan de la poesía y el imaginario literario popular de Latinoamérica. La escritura en décimas y en coplas me acomoda mucho para escribir letras de canciones. Aunque también escribo en formas más libres, manteniendo en general el uso de figuras literarias y prestando mucha atención a las palabras que escojo, a su significado y su sonido. Creo que mi lenguaje no es directo, pero trato de decir las cosas de otro modo, trato de hacer que en mis canciones logremos reconocernos”, afirma Morris, que confiesa soñar con un Chile “donde la cultura no sea tratada ni pensada como una mercancía, sino admitida con una visión integral que propicie el desarrollo de las artes como herramienta para el bienestar de su sociedad. Un Chile descentralizado, donde en cada rincón del territorio sea posible asistir a un concierto, una obra de teatro, una exposición o una obra de danza, de todos los estilos. Un Chile donde suene mucha más música chilena en todas las radios”.

 

Su más reciente trabajo, ‘Los ojos del corazón’, nace entre las explosiones populares, la pandemia y la expectativa de una nueva Constitución para Chile que incinere definitivamente los ecos de la dictadura de Pinochet.

 

En 2001 la artista inicia su carrera en solitario con el disco ‘Hacia otro mar’, publicado en 2002, un trabajo poblado de ritmos inspirados en el landó, la cueca, la música brasileña y las décimas. Dos años más tarde publica su segundo disco, ‘Nazca’, en el que confirma su admiración por los instrumentos acústicos y las raíces de huayno, candombe, milonga o tonada entre otros ritmos, y en el que incluye canciones como ‘Itzá’, basada en la novela ‘La mujer habitada’, de la escritora nicaragüense Gioconda Belli. En 2008 publica Morris ‘Nasca’, ‘Pájaros’ en 2012 y ‘Encuentros y despedidas’ en 2016. En ‘Pájaros’ incluyó canciones de Víctor Jara, Lhasa de Sela, otras del folclore venezolano y otras tantas originales suyas.

 

El cine ha sido otra de sus ocupaciones. En 2010 compone la banda sonora de ‘El edificio de los chilenos’ y en 2011 algunos de los temas del largometraje ‘Violeta se fue a los cielos’, de Andrés Wood.

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